La vida y la muerte son dos estados que no existen el uno sin el otro. Sigue siendo tabú socialmente hablando. No queremos hablar de ello. No deseamos mucho contacto con el tema por aquello de no llamar a la mala suerte. No vaya a ser que si hablo de ello.....Bueno, yo voy a romper un lanza por el tema y relacionaré mi vivencia personal con mis conocimientos de reiki. Mi primer impacto, porque fue así, la muerte de mi hermano Jose, era una persona a la que yo idealizaba y que me protegía. Sin embargo, un accidente de trabajo hizo que a los 28 años falleciera. En aquel momento yo tenía 13. No es un impacto sin más, gestionar mis sentimientos y mis emociones en aquel momento no fue nada fácil. De hecho creo que me parapeté detrás de un escudo para evitar expresar algún sentimiento. Con los años y las lágrimas esto se ha ido curando. Este fue uno de los hechos más importantes de mi vida. Después de un tiempo el dolor se convirtió en algo menos soportable cuando faltaba su apoyo, su presencia, su vitalidad, y aún escucho como me llamaba "cagaluta" de un modo cariñoso (era la hermana pequeña). Luego hubo otras muertes, abuelos, compañeros de carrera... Como dije al principio,
la vida y la muerte van de la mano. No es nada bonito morir solo, no es nada bonito vivir solo, sobre todo cuando estás rodeado de gente. Creo que es un sentimiento que muchas personas han tenido en algún momento de sus vidas.
Con los cursos de reiki se enseña a ayudar a las personas que hacen el tránsito: tranquilizar, acompasar, escuchar, tocar, hablar para que se sientan acompañados. Al empezar las muertes de las madres y padres de mis amigas, con ellas, la primera puesta en valor de ese capacidad de acariciar sin tocar que se produce en algunas técnicas de reiki.
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