lunes, 21 de marzo de 2016

Con el propósito de retomar la actividad de escribir en este blog, deseo compartir con vosotros mis experiencias con el reiki. Durante ya casi un año, llevamos yendo a La Protectora, a ayudar a aquellos animales que tras tener traumas por el abandono, maltrato... de sus dueños necesitan de nuestras manos reiki para sentirse mejor y recuperar la  confianza, la tranquilidad,  amor y pertenencia a un grupo. Recuerdo en este tiempo el caso de una de las perras que pasaron por nuestras manos, asustadiza a más no poder. No quiso entrar ni siquiera a la sala donde la dábamos reiki y pasamos casi una hora dándola reiki en el pasillo del consultorio. Durante un rato, tiró para marcharse aunque después consiguió relajarse y abandonarse en el suelo a nuestras manos. Tras un buen rato el gesto de su rostro cambió. Aunque parezca increíble los perros también tienen cambios en sus expresiones faciales que se corresponde con un estado de ánimo concreto. En este caso la perra se quedó relajada. Según su dueña no se dejaba tocar por nadie más que por ella, y  sus amigos,  a pesar de intentar acariciarla en muchas ocasiones, no podían. Supuso una gran satisfacción para mi, que al menos tuviera un estado relajado de referencia al que volver.

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