miércoles, 28 de septiembre de 2016

Ayer cuando mi hija salió de la consulta de su pediatra tras haber recibido la vacuna del papiloma y la del meningococo B, además de la del tétanos y difteria, se encontraba con dolor de cabeza y malestar. Su primer deseo fue irse para casa. La doctora le dio gelocatil y la mantuvo un rato tumbada en la camilla para ver si hacía efecto y se pasaba el dolor. Tras transcurrir unos 10 minutos la niña, seguía queriendo irse a casa. Una vez en casa se metió en la cama, a pesar de los 650 mg de gelocatil pediátrico no bajaba el dolor de cabeza y no conseguía descansar. Me pidió que me tumbara con ella y, así lo hice. Le pedí permiso y le di reiki. Tras unos pocos minutos, ya había hecho efecto, su respiración se acompasó y con naturalidad se durmió. Ya sé,
que algunos pensarán, ya hizo efecto el gelocatil, y sin hacer ningún asco al gelocatil ( que bien nos ha venido a todos en algún momento), el reiki tiene ese efecto tranquilizador que en un momento dado es tan necesario, mejorando así nuestras vidas.

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